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LECTURAS ENFERMERIA

Empatía

Lectura para personal de Salud

"RUEGO APASIONADO A UNA ENFERMERA”

Voy a presentarme porque en el año 2010 cumpliré 70 años y seré una anciana, tal vez paciente suya. Como quizás entonces ya no podré expresarle mis deseos, aprovecharé para decirle ahora como me gustaría que me trataran.

En primer lugar quisiera preservar mi identidad. Soy la Sra. Rosemary Mills y así deseo que me llamen. No quiero que se refieran a mí como “la Abuela” o “Rosa” o “la Sra. De la cama 9”. Respondo al nombre que resulta más familiar, el mío, Sra. Rosemary Mills.

Mi mundo se hará mucho más pequeño en la sala de internación, por eso le pido que comparta su mundo conmigo. Hábleme de su familia, de sus amigos o de cómo pasó su día libre. Déjeme contarle mi ayer y trate de manifestar un interés genuino cuando le digo todos los días lo mismo. Tener una vida privada y tener momentos de soledad será algo sumamente importante para mí. Podría darme una habitación individual?

Como probablemente no será posible, le pido por favor que corra las cortinas alrededor de mi cama cuando vaya a lavarme o vestirme. Si tiene que bañarme quisiera que respetara lo más posible mi intimidad y mi dignidad. Si no pudiera vestirme por mí misma, me gustaría que cuide lo más posible mi apariencia; por favor, en las medias, no me haga un nudo sobre la rodilla.

Durante el día, podría haber algunos momentos de silencio?. No es necesario dejar el televisor encendido permanentemente aunque nadie lo mire. A la hora de comer, si no puedo cortar los alimentos, espero que lo haga por mí. Si es necesario, comeré con una cuchara, pero en ese caso, sírvame en un plato hondo para no tener que luchar largo rato antes de atrapar un trozo que resbala. Podría darme una servilleta?. Puede ser de papel, pero decididamente no me ponga un babero. No me rete cuando se me vuelca el té, ni suspire con impaciencia porque hago todo muy lentamente. Si ya no puedo controlar mis esfínteres, sígame tratando como a un ser humano. Trate de no fruncir la nariz en señal de disgusto cuando vean que mojo la cama, no me llame sucia, ni me avergüence, no crea que lo hago a propósito. Espero que me ponga pañales especiales y no una sonda para comodidad de ustedes. No quiero caminar en compañía de una bolsa de orina.. Sería una curiosidad para mis nietos y una vergüenza para mí. Será muy amable si Ud. manifestara interés por mi familia, mis fotografías o mis nietos cuando vienen a verme, pero sería muy descortés si me preguntara por qué mi hija no se ocupa de mí o porqué mi hijo y su familia no me ofrecen su casa. Tal vez esté demasiado inválida para que ellos puedan cuidarme o quizás no estén preparados para intentarlo; de cualquier forma no querré que me lo recuerden.

Si perdiera mi lucidez y no entendiera lo que quiera, por favor no me grite, porque sólo conseguirá asustarme y confundirme más, hasta podría ponerme agresiva; por favor tráteme con amabilidad porqué así sí la voy a entender, Parece que mis deseos y necesidades no tienen fin, pero en realidad son muy simples. Sólo quiero calor, comer bien y una persona bondadosa que me cuide. Le he dado mucho en que pensar y temo que no solamente tendrá que pensar en mí, sino también en lugar mío.

Si Ud. estuviera internada durante tanto tiempo, acaso no pediría lo mismo?

 

* Extraido de: http://www.enfermeros.tv/

Saber Escuchar... Un Arte !

El arte de saber escuchar

  “Observa mis jardines donde los jardineros van en el alba a crear la primavera, no discuten sobre los pistillos ni las corolas: siembran las semillas” (CIUDADELA. Antoine de Saint Saint- Exupéry)    El don de la palabra, vehículo de la comunicación, de las relaciones personales, tiene su correlato en la sabiduría de la escucha.    En toda comunicación se da uno que habla y otro que escucha. Por tanto, ambos serán responsables de la calidad de la comunicación, reflejada en la mutua y continua escucha. Y ello depende tanto de la educación que se ha recibido, como del empeño personal que ponga cada uno; esto es, de su disposición de ánimo. El oír lo presta la naturaleza, la escucha se cultiva.

Saber escuchar es un arte que no se logra sin esfuerzo. Oír el sonido de las palabras y escuchar el contenido de la palabra son dos actitudes totalmente distintas. es no prestar atención profunda, es simple captación de una sucesión de sonidos; una actitud con algún grado de pasividad. Es más que oír con paciencia a los demás, es interpretar y entender lo que alguien dice, es descubrir el sentido que las palabras encierran; es un comportamiento activo que supone acercamiento y acogimiento a la persona comunicante, y aún de interesarse en lo que de verdad importa al otro. Una actitud más que una técnica que pueda entrenarse; ya que escuchar requiere, además de un cierto silencio interior, aceptar a las personas tal como son. Claro está que dependiendo siempre de la intensidad y cualidad de la relación; del grado en que se compartan los mismos puntos de vista; o que, en ocasiones, convenga cortar la comunicación. No puede existir armonía donde impera la discrepancia.

    Señalemos algunos malos hábitos a evitar: 

-Estar impaciente por tomar la palabra, en lugar de dejar hablar al otro. 

-Interrumpir repetidamente la conversación. 

-Reaccionar impulsivamente ante cualquier discrepancia. 

-Mostrar con nuestro tono de voz, apatía o agresividad. 

-Confundir el “ruido de palabras” y la frivolidad con la verdad. 

-Brindar poca atención a nuestro interlocutor. 

-Ignorar el interés del otro. 

-Hablar al mismo tiempo con más de una persona. 

    Sin duda, podremos escuchar mejor: 

-Sin interrumpir a la otra persona antes de que termine de hablar. 

-Haciendo preguntas pertinentes. 

-Dando respuestas visuales o verbales. 

-Aceptando al interlocutor.

-Sin miedo a la verdad. 

-Evitando la locuacidad.  

-Teniendo buena actitud mental y ejercitando una escucha activa. 

-Controlando el impulso a desmentir. 

La calidad de la atención, tener la paciencia de escuchar sin interrumpir, con verdadero deseo de entender y comprender, proporciona estímulos para una comunicación más abierta, más serena, más sincera; donde cada parte exprese sus ideas con más libertad donde pueda manifestarse la personalidad del interlocutor; donde la amistad encuentre un terreno abonado para arraigar.

* Extraido de http://apli.wordpress.com/2008/03/13/el-arte-de-saber-escuchar/